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Thomas Heatherwick – Pavilion

60.000 barras transparentes que contienen cada una una pequeña semilla suspendida en el viento, se unieron para formar una estructura de bordes suaves, el Pabellón del Reino Unido en Shanghai Expo 2010, es una catedral de las semillas.

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Arte

Rudolf Nureyev

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El lujo y el «glamour» protagonizaron la mayoría de los capítulos de su trayectoria. Sin embargo, el bailarín ruso Rudolf Nureyev tuvo una infancia asolada por el hambre y la miseria. Su físico ambiguo fue objeto de deseo para ambos sexos y su manera sofisticada de bailar le convirtió en un mito, declarado el mejor bailarín del siglo XX por una buena parte de la crítica especializada.
Nureyev_2Considerado como “un alma solitaria”, Nureyev, de quien se decía que “rompía el aire cuando bailaba”, no sólo destacó en el ballet clásico, sino también como actor, director de cine y de orquesta.  No le bastó con “Cascanueces”, “Raymonda”, “La Bella Durmiente”, “El lago de los Cisnes” y “Romeo y Julieta”; se atrevió también a llevar a escena, en 1970, su propia versión de “El Quijote”, de Cervantes. 
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Estas fotografías, forman parte de una serie realizada por el fotógrafo Richard Avedon, en París, en 1961.
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Arte, Performance

The artist is present

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Video de la artista Marina Abramovic , titulado “The Artist is Present”. Ulay y Marina se reconcilian como amigos en los días previos a la gran performance de la artista en el MoMA, a la que asistieron 850.000 personas a lo largo de tres meses. Hay una energía de alto voltaje entre ellos y eso se deja sentir en el filme. Ulay recorre la exposición descubriendo las huellas de su propia biografía. Se proyectan películas de sus performances juntos, está hasta la vieja furgoneta en la que vivieron. En momentos separados tanto él como ella añoran conmovidos aquellos años. En The Artist is Present, Marina Abramovic pasó 176 horas y 30 minutos (durante todas las jornadas completas en que el museo estuvo abierto al público con su exposición) sentada en silencio en una silla mientras los visitantes, uno a uno, ocupaban la silla de enfrente y le sostenían la mirada durante unos minutos. La gente hizo cola noches enteras, días, para tener esa experiencia. Al final era casi una locura colectiva. Muchos lloraban. Ella apenas se movía, pero les respondía con una mirada intensa y atenta, con tiempo y silencio. Uno de esos visitantes fue Ulay. Parece que en ese estado mental –y vital– que propicia el arte del performance puede suceder cualquier cosa. Y ellos son maestros.

 

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